La paciencia que nos queda

Un día, no hace mucho tiempo, perdimos la paciencia; y perder es ese verbo que usamos para todo, incluso para cuando no queremos ni tan siquiera buscar.

Perdimos la paciencia de aprender. Escondimos la paciencia de recordar. Guardamos la paciencia de esperar. La paciencia nos estorbaba; ese peso muerto que nos impedía vivir plenamente y disfrutar de lo único que teníamos sin importar nada más: el ahora.

Y ahora ya todo es ahora y ya, y el futuro se limita, como mucho, a los kilómetros que te quedan por recorrer que ha calculado tu coche por ti. No damos para más. Hemos vendido nuestro tiempo al tiempo y se lo ha quedado, ¡vaya si se lo ha quedado! Ha sido tan hábil que en ocasiones nos ha robado hasta el pasado, dejándolo tan sólo en el recuerdo de aquello que quisimos hacer pero que no hicimos por no tener tiempo.

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Acerca de manucervello

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