Día 22 de octubre de 2011

Redwoods weddingHoy es el día de la boda. Hoy es la excusa de todo este viaje y ya está casi todo preparado. Aunque en ese casi falta el pan, así que nuestra primera y única misión de hoy es la de ir a recoger las cuarenta o sesenta barras a la panadería del pueblo por el que ya pasamos ayer y que está a unas diez millas de distancia. Vamos para allá y aprovechamos el viaje para intentar llamar a mi abuelo y felicitarle por su cumpleaños. Tras varios intentos fallidos desde diferentes teléfonos, al final tiramos de móvil resguardados del ruido en el escaparate de una tienda. De vuelta al bosque, el todoterreno huele a pan.

El día es genial. Todo él; la música en directo, la ceremonia entre los árboles, Roberto sacando e imprimiendo fotos a todo el mundo, los bailes, los discursos, la barbacoa, el pan con tomate y aceite de oliva a tantos kilómetros de distancia, la gente, los novios, … Yo voy con mis mejores galas: una camiseta marrón de manga larga que compré en el trayecto a Sedona y unos tejanos; elegante pero informal pero sin lo de elegante.

Hoy es el motivo de todos estos días, y estamos aquí, en el Big Basin Redwoods State Park de California, en la boda de Cristina, la que fue mi profesora de medicina china, shiatsu, tuina, sotai-ho, akebanes, moxibustión, reflexología podal japonesa y no sé cuántas técnicas más unos años atrás. También la persona con la que me tenía que haber encontrado en el aeropuerto de Ezeiza hace dos años para hacer un intercambio de abrazos y maletas, al más puro estilo Hollywood, y que al final, por sólo unas horas, no pudo ser.

Todo es espectacular y muy americano, como lo ha sido durante todo el viaje hasta ahora y el bosque acompaña en la ceremonia en todo momento. Cuando asoma la luna la fiesta sigue, Roberto sigue también haciendo fotos y sigue imprimiéndolas y regalándolas a los invitados, capturando aquellos momentos que nadie se espera. Como buena película en la que estamos, terminamos en la hoguera quemando nubes de azúcar y chocolate. Hay que alargar la noche, porque mañana será día de despedidas.

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