Día 18 de octubre de 2011

Scotty's CastleYosemite es espectacular y creo que ya pronuncio su nombre como la gente de por aquí, con el acento donde toca aunque lo mío me ha costado. No pensamos hacer noche así que a lo único a lo que nos dedicamos es a realizar un par de turísticas caminatas a pie, nada que ver con aquellas a las que estamos acostumbrados mi hermana y yo por los Pirineos.

Atravesamos el parque en coche, de una lado al otro de la montaña hasta que llegamos, tras pasar cumbres, bosques, cascadas y lagos a un puesto de comida de carretera al otro lado del macizo. Sólo estos parajes bien se merecerían unas vacaciones enteras que no tenemos. El bar de carretera lo regenta un mexicano que, a la que nos escucha hablar en español cambia inmediatamente de idioma y se nos une.

Nuestra idea es llegar a Death Valley así que le contamos el plan con un mapa delante para que nos ayude. Su respuesta es bien clara, hay que seguir un camino de tierra que nos señala con el dedo; él lo ha hecho varias veces con la moto, así que no deberíamos tener ningún problema. Comemos algo y nos ponemos en marcha.

El camino de tierra que aparece en el mapa es largo y el territorio cada vez es más desértico; nos acompañan cactus, matojos rodantes y nada más. Y nadie más. Cuando llevamos un buen rato conduciendo nos cruzamos con una ranchera roja. El conductor es un señor mayor con barba blanca que nos saluda alegremente sacando el brazo por la ventanilla. No sé porqué pero nos tomamos el gesto como un “lo hemos conseguido, hemos atravesado el desierto”. Y no. Es justo lo contrario; justo entramos en él. El camino de tierra ahora es peor de lo que las cuatro rayas del papel sugerían; se trata de tierra sí, y de incómodas rodaduras de tractor oruga, lo que hace que vayamos extremadamente lentos con una rueda siempre por fuera del margen marcado. Finalmente y tras un largo rato que parecen horas y que quizás lo hayan sido divisamos lo que parece un oasis.

Palmeras, verde, sombra, un zorro y una adolescente uniformada que bien podría formar parte de los Jóvenes Castores se cruzan en nuestro camino. “Hola, ya no os da tiempo a visitar el castillo, cerramos a las cuatro”. El castillo, en el oasis, en medio de la nada. La chica se sube en un autobús lleno de clones que arranca y se marcha desierto adentro. Nosotros nos quedamos en las afueras de lo que resultó ser Scotty’s Castle y no una alucinación.

Pasamos noche en Beatty, un pueblo del que sólo recuerdo ver burros por la calle y esa extraña y a la vez emocionante sensación de ver cómo toda la gente del bar se calla y se gira para ver a los dos extranjeros que acaban de entrar en el local. Mañana será otro día, esta vez sí, sabiendo dónde estamos.

Anuncios

Acerca de manucervello

Si no sabes qué regalar, regala sueños.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría, Viajes y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s