Día 15 de octubre de 2011

ArizonaNos despertamos en Winslow, Arizona, como si fuera el minuto uno y trece segundos de este vídeo de los Eagles. Hoy tenemos que completar una misión; llegar a la segunda Mesa y conocer a los Hopis. Lo primero que hacemos es repostar gasolina, porque no nos fiamos del desierto. Lo segundo que hacemos es visitar el museo Hopi y es allí donde realmente empieza el día.

El tipo que se encarga de los tiquets es bastante extraño; es hopi, sin duda, pero tiene una mirada peculiar, con un ojo que no sabes si te está mirando a ti o a otro mundo más alejado. No sabemos porqué pero con el resto de visitantes se muestra completamente anodino, no obstante, con nosotros es diferente. El hombre nos cuenta a Yolanda y a mí la historia de los hopis, el porqué de la tierra, el porqué de las cosas, como si fuéramos parte de una familia que ya hacía algunos siglos que no volvíamos a casa. No sabemos cómo hemos llegado a esa situación pero tampoco nos incomoda.

Tras visitar el museo seguimos sus consejos y nos dirigimos al pueblo. Las consignas son claras: ni fotos, ni dibujos, ni nada que pueda capturar algo de su cultura. Llegamos, aparcamos y nos sentimos observados, pero subimos a las casas, visitamos el pueblo, paseamos entre la gente y nos tomamos un extraño helado que no es más que una bola de hielo con sirope. Extrañamente no es extraño estar allí pese a que somos de culturas completamente dispares.

Tras visitar a los hopis conducimos por territorio Navajo, más agreste, más duro, más violento o, al menos, esa es la impresión que nos llevamos los dos. Comemos en Tuba city, o cerca de allí y estamos, literalmente, perdidos. La situación es de película; somos los únicos extranjeros en ese lugar, no sabemos donde estamos, no tenemos GPS, no tenemos mapa y nos quedan sólo unas horas para devolver el coche en el aeropuerto de Las Vegas. Como buena película acaba bien y encontramos el camino. Llegamos ya de noche pero justo a tiempo aunque, eso sí, nos salva que en Nevada es una hora menos.

Dormiremos en el downtown de Las Vegas, en un hotel al que ni siquiera el tipo que conduce el shuttle desde el aeropuerto sabe llegar. Ha sido un día intenso, todo él, con bastantes kilómetros, con bastantes emociones y lo terminamos comiendo arepas venezolanas en plena calle.

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