Casi

Aquel casi nació, como casi todos los casi, fruto de una expectativa. Y no es que fuera buscado, ni mucho menos, pero es de esas cosas que pasan, como sin querer y que al final, por probabilidad quizás, surge: la expectativa se convirtió en posibilidad, la posibilidad en deseo y el deseo, ya irrefrenablemente, en casi, sin poder hacer nada por evitarlo.

Y no por no ser buscado no era querido, ni mucho menos. De hecho era un casi fuerte y sano, no como esos otros casi enfermizos que tratas de fortalecer con promesas diarias para que no perezcan en decepciones prematuras. Era un casi envidiable, se podría decir, uno de esos de hablar de él con los demás, de los que sentirse orgulloso. Un casi de los que gustas tratar como un hecho, dándole ya toda esa responsabilidad moral que no se merece, por ser tan sólo un casi.

No obstante, aquel casi, como todos, traía una desilusión debajo del brazo; desilusión que podía ser grande, pequeña, efímera o incluso inmarcesible, todo dependía de lo mucho que te enamorases de él. En aquel momento, por suerte, el casi seguía siendo un casi, la desilusión no estaba aún madura y, si una cosa te enseña el tiempo, es que, por mucho que se deje querer, si gustas de jugar con un casi siempre es mejor recoger después sus juguetes, no vayas a tener la buena o mala fortuna de tropezar.

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Acerca de manucervello

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