No estaba sola.

Tan lindas, tan monas, tan dulces, tan seductoras que te encariñas, no te queda otra. Caes en sus zarpitas, esas zarpitas tan tiernas… ¡Ay, las expectativas! Así las llaman, creo. O así se hacen llamar: Expectativas. Un nombre demasiado sonoro para lo que aportan.

Y es que cuando están solas pues mira, les coges cariño y ahora van y ahora vienen, sin más. Como mucho las echas de menos de vez en cuando. Cómo mucho se te escapa algún suspiro del estilo “¿Te acuerdas cuando pensabas…? El problema es cuando se juntan. Cuando se entrelazan, cuando chocan. ¡Ah, humano! Ahí estás vendido, ahí no hay nada que hacer. Cuando dos expectativas colisionan… ni encontrar el Bosón de Higgs te salva.

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Acerca de manucervello

Si no sabes qué regalar, regala sueños.
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