#NuestrosAnónimos surge como idea de encontrar un hilo conductor o una historia común o un desenlace colectivo entre todas las vidas por las que nos gustaría acabar paseando. Ahora bien, cómo de largo va a ser ese paseo y hasta dónde nos va a llevar, no tenemos ni idea. Ni queremos tenerla.

Lo que sí teníamos muy claro era a quién íbamos a secuestrar parte de su tiempo como primer paso en esta aventura que justo empezamos Joan Atienza, de quien son todas las fotos de esta entrada,  y un servidor: queríamos pasar un rato con Saúl Ribera Pérez.

Saúl tiene un restaurante en el barrio de Sants de Barcelona. Barrio donde vive Joan y barrio en el que me he criado yo o, donde creía haberme criado hasta el día que hablamos con Saúl sobre su vida. Y es que los barrios, como las películas, como las canciones y como los cuadros, dependen de cómo, cuándo y quién los viva.

Con Saúl he descubierto otro Sants. Porque Saúl no vive en Sants, es parte de él; donde las tiendas, los restaurantes, los bares y los locales no sólo tienen un cartel y algo que ofrecer. No, son algo más: tienen nombre, apellidos, historias, familias, pasados y futuros.

Paréntesis: Sin ánimo de pretender ejercer de periodista, me acojo a la segunda acepción de la RAE sobre el verbo entrevistar “Tener una conversación con una o varias personas para un fin determinado”, para usar la palabra entrevista de ahora en adelante. Sabiendo que sí, que es una palabra que me viene grande, pero también les van grandes las camisetas a los jugadores de baloncesto y bien que les quedan bien. Fin de paréntesis.

Pero eso de que Saúl era parte del barrio no lo supimos hasta que hicimos la entrevista, así que no fue ese el motivo para escogerle como primer candidato anónimo. Sí lo fue el hecho de que, para mí, Saúl hace una de las mejores tortillas de patatas de Barcelona. Por no decir la mejor. Y aún sabiendo que esa es ya de por sí una excusa más que suficiente y cuando la habéis leído seguro que habéis pensado “Pues no me digas más”, os digo más: un trato excelente, siempre una sonrisa, un local agradable, gusto por los detalles, amabilidad, generosidad, conversación… Perfecto punto de partida para #NuestrosAnónimos.

La entrevista, ya que vamos a usar la palabra, la hicimos como se hacen las entrevistas de verdad: grabadora de mano, despliegue de cámaras de fotos y objetivos, cafés y persiana del Can Ribera medio bajada para evitar que entrase gente y, por qué no, para darle un aire también de privacidad y clandestinidad que mola cuando haces una entrevista y usas la palabra entrevista.

Saúl Ribera Pérez

¿Y quién es Saúl?

Saúl es una persona que el único cuadro que colgó en su local cuando lo inauguró fue una pintura de su sobrino. Partido de fútbol Cataluña contra España, parece que le explicó el chaval cuando Saúl le preguntó por el significado de esa conjunción de colores. ¿Y ése quién es? Ése es Messi, con Cataluña. Y es que, cuando eres un niño, a Messi lo pintas en la selección que te da la gana. Y punto.

Saúl es una persona combativa, íntegra, lanzada. De inicio a fin. Desde que empezó a trabajar limpiando ollas en la cocina de un bingo. Desde que se propuso tener una carrera y la terminó, aunque nunca ejerciese. Desde que devolvió un aval a base de hacer encuestas. Desde que dijo “quiero tener mi restaurante” y aquí está. Desde que todo lo que hace lo hace por la gente, por el barrio, por todo lo que le rodea. Con cariño. Con detalle. Con ese mimo que pone la gente que sabes que le gusta lo que hace.

Saúl es una persona que a los cincuenta años se ve en Playa del Carmen montando allí el restaurante de sus sueños. Porque el proyecto está hecho, sólo hace falta materializarlo. Y si es en México, mejor. Porque de México se enamoró. Porque aquel viaje a Toluca en el que casi coincide con Obama fue el primero de muchos. Porque México le sorprendió. Porque a los treinta ya estaba dirigiendo restaurantes. Porque a los cuarenta ya tenía el suyo propio. Porque a los cincuenta ya sabe que México le llamará y tendrá que ir.

Saúl es una buena persona. Que piensa en los demás. En los amigos. En sus cuatro hermanos. En las madres de los hijos que van a la guardería de al lado y que ya tienen su número de móvil para pedirle tortillas antes que nadie. Porque cuando en un grupo de amigos habitual falla uno de ellos Saúl les pone un pollo de goma en la mesa para sustituirlo. Porque cuando habla de los demás, lo hace con bondad. Con sinceridad. Con aprecio. Porque Saúl es de la colla de las Ratas y participante federado en las batallas de pongos.

Saúl tiene más historias, pero no las desvelaremos ahora, porque #NuestrosAnónimos no termina aquí. Justo empieza. Y en algún momento nos tocará montar un puzzle y aún no sabemos, qué emoción, qué piezas encajarán ni dónde. Quizás Mercè Calderón nos ilumine un poco más el camino.

Mercè Calderón tiene un kiosco en una de las históricas plazas del barrio de Sants. De momento seguimos en el barrio, no nos movemos. Mercè ha sido la siguiente persona para #NuestrosAnónimos que nos ha dado Saúl. ¿Y por qué ella, Saúl? Porque Mercè nos puede contar mucho sobre cómo tirar para adelante en la vida. ¿Y qué le regalarías, si estuviese en tu mano? Tranquilidad; porque se la merece. Se lo diremos. Cuando la conozcamos.