La aventura de #NuestrosAnónimos continúa con la inestimable compañía de Joan Atienza capturando aquellas luces y sombras que se nos escapan a la mayoría de los mortales. Continúa esta andanza y seguimos en el barrio de Sants. En la primera entrevista, Saúl Ribera nos sugirió hablar con Mercè Calderón, propietaria del kiosco de la plaza de Sants y allí nos dirigimos.

No sé cuántas veces habré pasado por delante de ese kiosco a lo largo de mi vida. Imagino que incontables, como tantas otras veces que pasas por otros tantos sitios sin prestarle la mayor atención. Esta vez, vamos al kiosco a ex profeso. O de propio, cómo me enseñó hace poco una amiga de Zaragoza. Y vamos para hablar con Mercè sobre la vida, los porqués, el barrio y lo que surja.

La entrevista la hicimos en el mismo kiosco, de pie, con el micrófono inoportunamente colocado en el lugar más movido del pequeño establecimiento: la pila de Prontos. Y es que durante las casi dos horas que estuvimos hablando con Mercè el producto estrella del día fue esa revista que yo leía los domingos en casa de mis abuelos. La pila de Prontos se iba consumiendo progresivamente a razón de un euro por visita. Incluso yo vendí uno. ¿Habéis vendido algún Pronto alguna vez en un kiosco? Yo ya sí.

Entrevi

Y es que no es lo mismo estar tranquilamente en un bar tomando un café y conversando que estar hablando mientras se trabaja de cara al público vendiendo revistas y caramelos. Mientras estábamos allí, charlando y tomando fotos, pasó mucha gente:

  • El que lleva el pan a los restaurantes de la zona y duerme sólo dos horas al día.
  • La que pregunta por una calle en la otra punta del distrito.
  • El antiguo dueño del local que es hoy el Can Ribera y que antaño se llamó El Mesonet donde, curiosamente, Toni, el actual marido de Mercè le pidió matrimonio.
  • Gente que pide colecciones (para mí) extrañas.
  • Gente que no hace falta que pida nada porque Mercè ya sabe lo que quiere.

Quien no pasó fue Frank.

Frank era un indigente alemán que se colocaba allí, donde la panadería, y que llegaba cada día sobre las siete de la mañana. Frank cogía un periódico de Alemania en la estación de Sants, pasaba por el kiosco, jugaba con la Shira, la perrita de Mercè y sobre la una y media del mediodía se volvía. Frank apenas hablaba castellano y a menudo se iba a Madrid a arreglar papeles. Frank iba siempre con sus auriculares y riendo. Frank apareció muerto en el barrio de l’Eixample a finales de 2018.

Mercè Calderón Prat

¿Y quién es Mercè?

Mercè empezó a trabajar a las catorce años en un laboratorio de puericultura en el barrio del Congrés. Pero los humanos y las crisis vamos de la mano, así que tras veinte tres años, la crisis de los termómetros de mercurio precipitó el cierre de la empresa en la ciudad. Mercè ni sabe ni quiere ni puede estarse quieta, así que trabaja en un taller, trabaja limpiando, trabaja como teleoperadora o trabaja cuidando a una pareja de ancianos. Todo hasta que ella y Toni, su marido, ven que el kiosco de plaça de Sants se traspasa.

Mercè es alegría. Es bondad. Es honestidad. Es transparencia. Es simpatía y, como Saúl, es barrio.

Mercè conoce a sus vecinos como resultado de conversaciones fortuitas, de compartir cafés, de pasar y pasear por la calle. Mercè conoce los nombres y las vidas de quien le viene a pedir el periódico habitualmente. De Carlos, de la señora Teresa, de Félix, del señor Ramón. Se acuerda también de Josep María, que le dedicó una sonrisa cuando pasó por delante del kiosco por última vez antes de morir. O de aquella abuela que le pedía a ella que, además de la revista de rigor se acercara a la panadería para comprarle el pan.

Mercè es resuelta. Desde el primer año que cogieron el kiosco, el 2012, creó un calendario con su perrita Shira y, desde entonces, la gente le reclama cada año el calendario de la Shira. O el calendario del perrito, como dicen algunos.

Mercè se fue a Nueva York en unas vacaciones, para celebrar en familia las buenas notas de su hija. Y recuerda las tortitas, los cafés que no son cafés, las calles de película y al Capitán Nelson, encargado del guardarropa del hotel donde se hospedaban y que les llamó a la habitación para decirles, tras tres días en la gran manzana, que sus maletas por fin habían aparecido.

Mercè le regalaría a Saúl un viaje a Madrid y a Félix le dedicaría la canción de México Lindo y Querido de Jorge Negrete. Sobre el porqué de esa canción y sobre quién es Félix lo veremos más adelante. De momento, de boca de Mercè podemos decir que Félix es un pedazo de pan, aunque eso ya lo hablaremos en la siguiente entrega de #NuestrosAnónimos.