Sinestesia

Siempre he tenido curiosidad por experimentar alguna sinestesia de esas que menciona la Wikipedia o cualquier artículo sensacionalista del Muy Interesante. No sé, ver colores en los números, saborear la música, escuchar los olores… Y tal vez en ese intento, como tantos intentos, de parecernos a lo que nos dictan los manuales, se nos escapa apreciar sinestesias más cotidianas.

Los olores de tacto suave. Las palabras de colores. Las fotografías que ríen. Los pueblos que suenan a canciones. Los abrazos que saben a un no pudo ser… Igual se nos quedan cortas las que traemos de serie y tendemos, voluntaria o involuntariamente, a mezclar las percepciones con el fin de vivir más intensamente los momentos.

O quizás simplemente tendemos a poner demasiadas palabras a las cosas.

Anuncios
Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

No estaba sola.

Tan lindas, tan monas, tan dulces, tan seductoras que te encariñas, no te queda otra. Caes en sus zarpitas, esas zarpitas tan tiernas… ¡Ay, las expectativas! Así las llaman, creo. O así se hacen llamar: Expectativas. Un nombre demasiado sonoro para lo que aportan.

Y es que cuando están solas pues mira, les coges cariño y ahora van y ahora vienen, sin más. Como mucho las echas de menos de vez en cuando. Cómo mucho se te escapa algún suspiro del estilo “¿Te acuerdas cuando pensabas…? El problema es cuando se juntan. Cuando se entrelazan, cuando chocan. ¡Ah, humano! Ahí estás vendido, ahí no hay nada que hacer. Cuando dos expectativas colisionan… ni encontrar el Bosón de Higgs te salva.

Publicado en Calentón, Píldora | Deja un comentario

Querida Serendipia

Querida Serendipia,

Te sorprenderá que te escriba pero de un tiempo a esta parte creo que nuestra relación se ha enfriado y sentía el deseo de comunicártelo.

Quizás únicamente sean imaginaciones mías pero noto que no estamos sincronizados. Y sí, ya sé que justamente ésa es la gracia de nuestro idilio pero, no sé, algo ha cambiado y, egoístamente hablando, no me parece que siga encontrando aquello que no busco. ¿Es quizás porque no busco nada? Eso debería ser motivo más que suficiente para darte alas, ¿no? ¿Cuánto más espacio necesitas?

Ya, lo siento, un calentón. Un arrebato. Realmente sí que he ido encontrado cosas, aunque no me negarás que yo he puesto bastante de mi parte. Lo que no me queda claro, y es por eso el motivo de esta carta, es si tú has estado detrás, o no, o si me has abandonado y te has ido con el resto de musas que a veces solían acompañarme. Os imagino a todas alrededor de un cantautor de esos atractivamente barbudos conspirando para convertir en hit del otoño la más patética de sus letras de borrachera y servilletas de bar.

En fin, no me lo tengas en cuenta, simplemente te echo de menos y no sabía cómo decírtelo. Intentaré centrarme en buscar algo en concreto a ver si así te incito a aparecer y a sorprenderme con otra posibilidad completamente distinta, como tantas veces has hecho hasta ahora.

Publicado en Calentón, Desmemorias | Etiquetado , , | Deja un comentario

Quizás

El bosque de los quizás es demasiado frondoso, es por eso que nos solemos perder en él. Sin remedio. Pero es que es muy tentador. Entramos a veces pretendiendo que sólo será un momento, que controlamos donde está la salida, que sabemos por dónde hemos entrado. Total, es fácil, sólo quiero echar un ojo.

Pero algo nos distrae; un pequeño quizás fuera del camino que no habíamos contemplado y que decidimos seguir a ver adonde va. Y nos lleva a otro. Y éste a otro. Y mientras avanzamos por el bosque vamos girando la vista pensando: ahí está el sendero, sé cómo volver, así que seguimos avanzando. Hasta que nos perdemos.

El regreso no siempre es fácil y el campo a través suele dejar varios rasguños, sobre todo cuando en el bosque de los quizás decidimos ir hacia atrás y no hacia adelante.

Publicado en Píldora | Etiquetado , , | Deja un comentario

Faltan palabras

Faltan todas las palabras. No hay una, ni tan siquiera una que describa ese momento en el que la vida decide jugar con las reglas y cambiarlas sin motivo. Esas reglas que nunca estuvieron escritas pero que confiábamos que al menos fueran mínimamente estables; esas reglas que no tienen en cuenta los planes de la gente que juega con ellas al juego de la vida.

Faltan todas las palabras y faltarán, y quizás sea mejor así. Quizás sea mejor no tener palabras para todo y dejar según que temas únicamente en manos de los sentimientos.

Buenas noches, Borja, gracias por todos estos años.

 

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Las mejores realidades

Las mejores realidades son las que, sin preguntar ni preguntarse, se ajustan ya de primeras a nuestras suposiciones. ¡Ah, qué felicidad amoldar nuestros vulnerables raciocinios al dar por hecho! Ese dar por hecho que nos apoltrona en la comodidad de satisfacer nuestras inquietudes sólo con lo que ya creemos que sabemos.

Las mejores realidades son las que comparten sospechas y se alimentan a base de conjeturas de otros, quizás inverosímiles pero válidas al fin y al cabo. Compartir es amar que dicen; aunque sea la ignorancia lo que se comparte.

Las mejores realidades no atienden a razones, porque ya son suficiente maduras. Y la madurez viene con la experiencia y la experiencia no es más que tiempo, tiempo en que esas realidades han macerado plácidamente ajenas al resto del mundo.

Las mejores realidades no tienen amigos, sólo adversarios, pero como son las mejores siempre ganan. O quizás no, pero eso sería ya otra realidad a descartar.

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Casi

Aquel casi nació, como casi todos los casi, fruto de una expectativa. Y no es que fuera buscado, ni mucho menos, pero es de esas cosas que pasan, como sin querer y que al final, por probabilidad quizás, surge: la expectativa se convirtió en posibilidad, la posibilidad en deseo y el deseo, ya irrefrenablemente, en casi, sin poder hacer nada por evitarlo.

Y no por no ser buscado no era querido, ni mucho menos. De hecho era un casi fuerte y sano, no como esos otros casi enfermizos que tratas de fortalecer con promesas diarias para que no perezcan en decepciones prematuras. Era un casi envidiable, se podría decir, uno de esos de hablar de él con los demás, de los que sentirse orgulloso. Un casi de los que gustas tratar como un hecho, dándole ya toda esa responsabilidad moral que no se merece, por ser tan sólo un casi.

No obstante, aquel casi, como todos, traía una desilusión debajo del brazo; desilusión que podía ser grande, pequeña, efímera o incluso inmarcesible, todo dependía de lo mucho que te enamorases de él. En aquel momento, por suerte, el casi seguía siendo un casi, la desilusión no estaba aún madura y, si una cosa te enseña el tiempo, es que, por mucho que se deje querer, si gustas de jugar con un casi siempre es mejor recoger después sus juguetes, no vayas a tener la buena o mala fortuna de tropezar.

Publicado en Píldora | Etiquetado | Deja un comentario